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Letras para conseguir auxilio.

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Los viejos conflictos en cada hemisferio han vuelto a su ritmo vertiginoso ante los ojos del mundo. Somos testigos de la violación a los derechos humanos desde cortos relatos en las redes sociales que piden ser compartidos para sacudir corazones y despertar al colectivo del letargo televisivo y supremacista. Lo que suponía compadecerse con el otro tras prolongadas cuarentenas y el fin de medidas restrictivas para no coartar la libertad individual, terminó demostrando la entelequia dictatorial que sueñan las grandes potencias.

Proyectiles surcan los cielos de diferentes latitudes y abrasan a la humanidad sin refugio: En Palestina, en Colombia, en el Sahara, en Birmania, en Crimea, entre otros pueblos que resisten al exterminio. Sabemos que la emancipación de los pueblos ante la barbarie es una esperanza para el vivir pleno y que, desde nuestra posibilidad para la denuncia, el optimismo y la paz son una pequela victoria que disminuye la hostilidad del día a día.

No podemos deducir a conveniencia cifras y más cifras desde imperialismos culturales y sin el rostro de las víctimas; sin la credibilidad que merece el otro por años de supervivencia con sus artesanías y quehaceres.

Éste es el mausoleo de sus historias, en sus nombres se dignifica el despertar social y el deseo irrevocable de conseguir la paz entre conciudadanos:

Miércoles, 28 de abril del 2021.
Juan Diego Perdomo, estudiante de educacion artistica en la universidad Surcolombiana. Se desplomó repentinamente durante el primer día de la concentración nacional en Neiva. Testigos aseguran que no hubo confrontaciones con la fuerza pública. Para el hospital universitario, Perdomo tuvo ausencia cardíaca entre el gentío y enfrentó un diagnóstico crítico.

Jueves, 29 de abril del 2021.
Jesús Alberto Solano cumplió las ordenes del alto mando policial. Con su grado de capitanía precedió a la infiltración entre manifestantes, sin número de identificación a la vista y armado, trató de detener una turba
que pretendían destrozar entidades bancarias en Soacha, Cundinamarca. Varias cuchilladas laceraron su cuerpo sin compasión. Ahora los civiles responsables rinden testimonio judicial; pero su muerte estará bajo la consigna de una guerra sin pretensión de diálogo y sí de estrategias guerreristas caducas.

Viernes, 30 de abril del 2021.
María Jovita Osorio, caleña, chaparrita y canosa con 73 años, que no salía de su casa por el virus y en las últimas noches fue invadida por el miedo tras las directrices de fusilamiento y rapto a jovencitos. La señora inhaló gas lacrimógeno lanzado por el Escuadrón Móvil Antidisturbios a su casa. Su cuerpo se enterró en la Sucursal del cielo, nombre alterno de la capital del Valle, y su alma se preguntará quizá cuándo se expondrá la cara del santo responsable.

Sábado, 1 de mayo del 2021.
En Ibagué, Tolima, Santiago Murillo recibe un impacto de bala en el tórax. Muere al otro día en la Clínica, donde su madre desconsoladamente imploró: “llévame contigo, mi amor, hijo, hijo, llévame contigo, mi amor, hijo mío ¡LLÉVAME CONTIGO!” Los implicados son un mayor y un teniente de la Policía, que tras la denuncia inmediata fueron retirados del cargo y esperan juicio.

Miércoles, 5 de mayo del 2021.
Lucas Villa com 37 años creía en el deporte como una ciencia y defendía las ideas pacifistas al ser un profesor de yoga. En videos compartidos por la red corre entre avenidas con una sonrisa llena de valentía, hasta que en el viaducto de Pereira, Risaralda, le propinaron ocho disparos desde una camioneta sin identificar.

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